19 cosas que todo el que ha vivido en Sevilla echa de menos

1.
Comer por menos de 10 €.

En serio, no te das cuenta de lo ridículamente barato que es comer bien en Sevilla hasta que no te mudas a otra ciudad (o país). En prácticamente cada esquina puedes encontrar un sitio en el que tomarte un salmorejo o un solomillo al whisky y unas cuantas cervezas por menos de lo que te cuesta un café en un Starbucks.

2.
El olor a adobo de la calle Tetuán

Seamos sinceros, vas a echar de menos el adobo en general pero eso de pasar de compras por Tetuán a las 10 de la mañana y que te entrara hambre es una cosa que no vas a poder experimentar en otro sitio que no sea Sevilla. Y lo vas a echar mucho de menos.

3.
Que todos los guiris te pregunten cosas cuando vas por el centro.

En Sevilla no eres un ciudadano más, eres un guía improvisado que va a tener que ayudar a los extranjeros que estén visitando la ciudad. Y aunque esto pueda parecerte un coñazo, después echarás de menos esa sensación de orgullo al responderles con cara de “sí, yo vivo aquí. Envídiame”.

4.
Créeme, hasta a ellas las echarás de menos.

¿Quién va a querer darte suerte ahora? ¿Quién?

5.
Ese momento en el que simplemente con abrir las ventanas sabes que ha llegado la primavera.

Porque sí, no es solo un cliché, Sevilla huele a azahar, y cuando te vayas comprobarás la cantidad de buenos recuerdos que puede activar el olor del naranjo en flor.

6.
La Cruzcampo helada en cualquier bar.

Porque hay que admitirlo, nadie aprecia una Cruzcampo helada como lo hacen en Sevilla. Quizá los 40 ºC a la sombra ayuden a que sea así, pero te vas a hartar de defenderla allá donde vayas como si estuvieras hablando de la mismísima Giralda.

7.
Tomar el sol tirado en el río mirando a Triana.

Y observar a los piragüistas y a la gente que va en barcos para turistas por el río. Es como la ventana indiscreta pero tirado en el césped.

8.
Tener siempre una foto para Instagram con el Metropol Parasol.

Porque hay días que dices: “¿y qué narices pongo yo en Instagram, que hace mucho que no pongo nada?”, y las setas están siempre ahí para arreglarte un entuerto.

9.
Encontrarte con una procesión que no te esperabas para nada un día cualquiera.

Sí, tienes que pararte y esperar o buscar una ruta alternativa, pero cuando estés lejos, echaras de menos el sonido de las trompetas y los tambores de vez en cuando.

10.
La fiesta de la primavera.

La hagan donde la hagan, si fuiste universitario en Sevilla, muchos de tus mejores recuerdos serán en una de estas fiestas. Si es que el alcohol no borró esos recuerdos para siempre, que también es posible.

11.
La cervecita en la plaza del Salvador.

Cuando estés en tu nueva ciudad, salgas del trabajo y vayas directamente a casa o a tomar algo a un aburrido bar con tus compañeros, te acordarás de cuando el final de los días era cervecita en mano rodeado de gente en El Salvador. Y dos lagrimones recorrerán tus mejillas, obviamente.

12.
El olor a incienso.

Antes de que se vaya el olor de Navidad y de las castañas de las calles, Sevilla ya huele al incienso de Semana Santa –y no solo en La Fresquita–. Cuando llegues a tu nueva ciudad, vas a tener que entrar en las iglesias para poder tener tu ración de olor incienso recomendada y que no se apodere de ti la morriña.

13.
Y claro, el olor a castañas asadas de La Constitución y sobre todo de La Campana.

Porque hasta que no compras un cucurucho, no es Navidad.

14.
Los caracoles.

No son solo los caracoles, es un ritual que incluye amigos, sol y cerveza a partes iguales. Y que vas a extrañar con total seguridad.

15.
Las discotecas al aire libre en el centro de la ciudad.

Bilindo, Casino o incluso tomar algo en Chile. Cuando el calor aprieta, la fiesta en Sevilla se hace al aire libre y en entornos increíbles. Cuando estés encerrado en una discoteca sin ventilación en tu nuevo destino, te acordarás de cómo era tomarse una copa al fresquito de la noche sevillana.

16.
El Sevici.

Que sí, que hay pocas bicis, que hay muchas rotas, que los carnets tardan en llegar, etc. Pero cuando te mudas de ciudad te das cuenta de todas las cosas buenas que tiene el servicio de bicis de Sevilla. Y, sobre todo, te das cuenta de que el hecho de que Sevilla sea en su mayoría plana, es algo que echas mucho de menos en tu nuevo destino.

17.
El sonido de los coches de caballo.

Ese repiqueteo de las herraduras contra el adoquí, ese del que te has quejado muchas veces y que, cuando has vivido en el centro, te ha despertado más de una mañana. Ese. Lo vas a echar de menos. Y créeme, dos cocos no suenan igual.

18.
No salir en todo el fin de semana de la Alameda.

Puedes tomar el sol, pasear tranquilamente, tomar el aperitivo, comer, irte de copas, salir de discotecas o ver conciertos prácticamente sin moverte del sitio. ¿Cómo no lo vas a echar de menos?

19.
El serranito.

El bocadillo definitivo está en Sevilla y eso lo sabe todo el mundo. Y no, en ningún sitio lo van a hacer como allí.

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